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Españoles…Franco ha vuelto

O mejor dicho nunca se fue del todo, más bien se quedó anquilosado en eso que se vino a llamar Transición democrática, y que para algunos solo fue un lavado de cara del régimen, una actualización del escenario con los mismos actores. La presencia icónica e ideológica del dictador ha persistido en nuestra joven tradición democrática y aprovecha cualquier momento para manifestarte. Al fin y al cabo, como afirma cada dos por tres el Gran Wyoming, «España es el único país donde el fascismo triunfó» … y eso acaba dejando factura.

Franco no murió, quedó congelado cual Walt Disney, tal y como lo representó Eugenio Merino en su nevera de Coca Cola, su «Always Franco»…y tal y como demostró posteriormente la Fundación Nacional Francisco Franco al denunciar y demandar 18.000 euros al artista por daños al honor del dictador al tiempo que tachaba el trabajo de Merino de “bodrio artístico”.

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Este fin de semana, la Plataforma de Artistas Antifascistas ha montado una exposición en solidaridad con Eugenio Merino y en defensa de la libertad de expresión. «Resulta difícil imaginar una fundación Adolf Hitler que persiguiese en Alemania la obra de Gerhard Richter o Maurizzio Cattelan por criticar el nazismo» afirman en su manifiesto. La exposición, llamada «Jornadas Contra Franco» se definía como «un evento para el escarnio público de la figura del dictador» y ha contado con la participación de artistas de la talla de Alejandro Jodorowsky, Alonso Gil, Anónimo, Carlos Garaicoa, Cuco Suárez, Daniela Ortiz y Xosé Quiroga, Democracia, Domènec, Grupo Etcétera, Eugenio Merino, Fernando Sánchez Castillo, Francesc Torres, Xoan Torres, Kevin van Braak, Jorge Luis Marzo, Jorge Galindo, Juan Pérez Agirregoikoa, Kim, Lúa Coderch, Manuel Garcia, Noaz, Nuria Güell, PAN (Alberto Chinchón y Miguel Palancares), Raquel Anglés, Ramón González Echeverría, Reuben Moss, Rómulo Bañares, Rubén Santiago, Santiago Sierra, Tania Bruguera e Isidoro Valcárcel Medina.

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En un pequeño espacio vallecano semi industrial y medio abandonado, los artistas mostraban sus obras en todos los formatos posibles (video, escultura, dibujo, performance…), todas centradas en la figura del dictador, muchas con humor, todas con desprecio. Si bien es cierto que algunas destacan formalmente por encima de otras, en realidad todas ellas actúan como un todo, la propia exposición es en sí la obra, el detonante que visibiliza el juicio de Merino y su invisibilidad en los medios.

El propio hecho de que en pleno 2013 tenga que existir un colectivo de artistas antifascistas que luchen a favor de la libertad de expresión en este país es muy significativo de la historia que continua abierta, del debate que nunca se produjo y la herida que nunca se cerró. El arte muestra aquí su vertiente más subversiva y política, su capacidad de visibilizar, de denunciar, de cuestionar. Al fin y al cabo las imágenes siempre acaban tomando posición, ¿cuándo lo haremos nosotros?.

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