Hace 5 años

‘Zero Theorem’, nihilismo empresarial

Ya lo demostró en films como Brazil o 12 Monos, Terry Gilliam es uno de los pocos creadores capaces de imaginar un futuro no canónico, alejado del imaginario colectivo que todos tenemos en la cabeza de un futuro blanco, minimista, inmaterial y aséptico. Gilliam en cambio, (también podríamos meter a Crononemberg en el saco) imagina un futuro barroco, orgánico y ecléptico, en el que el pasado se mantiene presente, reinterpretado, y en el que lo virtual se funde con lo físico, pero no lo susituye del todo, sino que lo complementa.

En este futuro, oscuro y colorista a partes iguales, se desarrolla Zero Theorem, la última creación del ex Monty Phyton. El protagonista, Qohen Leth (Christoph Waltz), es un hombre depresivo, desmotivado y con problemas de identidad, que se pasa el día picando código para una especie de empresa de software delirante sin saber muy bien el objetivo final de su trabajo. Qohen vive en una iglesia ruionsa y retrofuturista, de la que apenas sale, pues lleva años desperdiciando su vida mientras espera una llamada telefónica que le explique el sentido de su existencia. En su particular refugio, Qohen se pasa el día frente a la pantalla de su ordenador trabajando para sus jefes en el “zero theorem”, una suerte de ecuación matemática que busca demostrar que la vida, el universo y todo lo que existe no tiene sentido en absoluto y que todo colapsará en un terrible y catártico agujero negro final. Por supuesto que esta búsqueda casi filosófica del sentido vital no es altruista, la compañía para la que trabaja Qohen quiere confirmar el teorema para explotarlo económicamente, ya que el caos no deja de ser un negocio sumamente rentable.

the-zero-theorem-international-trailer-header-image

Entre estas premisas que coquetean con lo científico, lo religioso, lo filosófico y lo laboral (entendido casi como un planteamiento vital más) se sitúa el solitario y miserable Qohen, un personaje que actúa por inercia en este mundo de locos, en busca de alguna respuesta y de alguien que le diga lo que hacer con su vida. Irónicamente en esta búsqueda por un sentido vital, Qohen se pasa el día trabajando para otros en la dirección opuesta, en la demostración empírica de que no existe sentido en absoluto. La empresa y su construcción ideológica enfrentadas al desarrollo personal del individuo que se ve subyugado y oprimido como un peón prescindible más.

Zero Theorem es, como todas las obras de Gilliam, inclasificable. Una película de ciencia ficción con tintes de comedia esquizofrénica y pinceladas existencialistas. No está a la altura de las citadas obras maestras de Gilliam, pero no deja de ser una película interesante y sobre todo diferente ante el exceso de la ciencia ficción repetitiva y estereotipada que podemos ver en otros directores.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.