Hace 2 años

‘Whiplash’, el coste de la perfección

If you want the fucking part, earn it! Terence Fletcher

La indiferencia es imposible cuando hablamos de Whiplash, la película de Damien Chazelle te obliga a amarla u odiarla, te fuerza a posicionarte moralmente durante y tras su visionado.

No estamos hablando por lo tanto de una película fácil ni para todos los públicos, pero particularmente no puedo sentir más que admiración por los directores que juegan tan al límite de la corrección política, que consideran inteligente al espectador y a los que no les tiembla la mano a la hora de plantear situaciones éticamente cuestionables.

Contada de cualquiera otra forma, Whiplash habría sido una película mediocre, o cómo mínimo habría pasado inadvertida, pues en el fondo nos narra la tan estereotipada historia del artista, músico en este caso, en su escalada hacia el éxito. ¿Qué diferencia entonces a Whiplash de las demás?

Su crudeza, su falta de ingenuidad. Chazelle nos plantea, como también hizo Aronofsky con su Black Swan, un escenario en el que alcanzar la cima resulta duro, muy duro, requiere dedicación absoluta, pérdida de relaciones sociales y una capacidad sobrehumana de sobrevivir en un entorno altamente competitivo. Y a pesar de todo el éxito no está garantizado. La película nos hace dudar en varias ocasiones de que el protagonista, Miles Teller en el papel de Andrew Neiman, logre alcanzar su meta, haciendo que nos planteemos incluso un posible trágico desenlace.

Pero al final, que logre su objetivo o no lo logre no es lo más importante, lo fundamental es todo lo que pierde por el camino y el infierno particular al que se encomienda para lograrlo. El demonio de este infierno no será otro que Terence Fletcher, un magnífico J. K. Simmons, que encarna el papel de profesor durísimo, capaz de todo con tal de sacar lo mejor de sus alumnos. Un cabronazo en toda regla que no duda en insultarlos, despreciarlos, gritarles o hacerles tocar hasta sangrar si es necesario. Fletcher cree en exprimir a sus alumnos más allá de lo que se espera de ellos, como necesidad absoluta, porque nadie consiguió esforzarse hasta ser el mejor si fue aplaudido durante su mediocridad. Y el mundo necesita a los mejores.

There are no two words in the English language more harmful than good job. Terence Fletcher

Es obvio que los métodos de Terence Fletcher nos resultan despreciables cuando se nos obliga a presenciarlos en pantalla, aunque también nos hace plantearnos nuestra propia hipocresía, pues somos plenamente conscientes de que todos los denominados “genios” a los que idolatramos han pasado por un calvario similar ¿Habría Picasso sido lo que fue de no ser por un padre implacable que prácticamente le sustituyó el chupete por un pincel? ¿y Michael Jackson? ¿Sería Nadal lo que es si no llevara entrenando dura e incansablemente desde el momento en que empezó a ponerse de pie?

En un mundo en el que la mediocridad está extendida y aceptada social y culturalmente, en un entorno en el que todo vale y en el que el subjetivismo reina a sus anchas, Whiplash nos obliga a plantearnos el coste de lo contrario, de la meritocracia más duramente entendida, de la excelencia y la competitividad sin límites, de la presión constante como único camino para obtener diamantes.

Pero a pesar de su catártico final, no creo que la película se posicione tan claramente como pueda parecer, pues a lo largo del metraje las dudas son constantes. Al contrario, creo que Whiplash juega muy inteligentemente sus cartas para dejarnos a nosotros, los espectadores, la responsabilidad de sacar conclusiones. Por el camino nos entretiene con una historia que, a pesar de su sencillez, no decae en interés en ningún momento, que atrapa y fascina por su gran dirección, con un tandem de actores en estado de gracia y con una banda sonora absolutamente maravillosa creada por Justin Hurwitz, que justifica por sí sola el visionado de la película.

Entretenimiento, dilemas morales y muy buena música ¿qué más se puede pedir?

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.