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Series de TV. Un arte empático

La nostalgia que sentimos cuando una serie termina, la pena ante la muerte de un personaje, no es sino el recuerdo del tiempo pasado, de las horas que hemos estado pegados ante la pantalla (del televisor o el portátil) junto a esos seres de ficción a los que conocemos y entendemos casi como si fueran reales.

Son incontables los artículos en periódicos, revistas culturales, blogs e incluso libros sobre series de televisión con los que me he podido encontrar a lo largo de este año. No hay duda de que es un fenómeno en pleno apogeo (solo hay que ver las audiencias), y que los críticos y expertos en narrativa audiovisual no pueden evitar subirse al carro.

Absurdos me parecen los debates en torno a si los mejores guionistas y directores están actualmente produciendo para televisión, o si las series ofrecen ahora mismo productos de mejor calidad que la industria cinematográfica. Tan banales como aquellos tratados del pasado que discutían sobre cual de las bellas artes era la más meritoria. También me parecen poco fructíferos los discursos de aquellos que afirman que las series de televisión son un fenómeno efímero, con los días contados, frente a aquellos que aseguran que es un nuevo lenguaje que solo está dando sus primeros pasos.

Por mi parte, lo que más me sorprende es el éxito del fenómeno en si. En la época en la que vivimos, acostumbrados a videos de Youtube de duración ridícula, series de ocho temporadas, con veintitantos capítulos cada una, de una hora de duración, son, sorprendentemente, un fenómeno de consumo masivo. Pese a la velocidad con la que avanzan nuestras vidas, siempre encontramos un ratito a la semana para ver nuestra dosis de ficción correspondiente; y cuanto más vemos, más queremos, preferiríamos que algunas de nuestras series favoritas no acabaran nunca.

Esto se debe a que los personajes de las series son mucho más que estereotipos de ficción. La enorme duración de la trama permite a los guionistas desarrollar los matices de la personalidad de los protagonistas, así como su evolución en función de las circunstancias, de manera que ni el cine ni la novela pueden soñar. La corta duración de una película exige que los personajes sean presentados en apenas 30 minutos (el primer tercio del guión), lo que obliga a estereotipar sus personalidades e impide en muchas ocasiones al espectador comprender las motivaciones de sus actos. Esto no ocurre en una serie donde tenemos decenas de horas para conocer todos los detalles de un personaje, lo que nos lleva a empatizar con él de una forma muy especial. Temporada tras temporada, año tras año, esos individuos de ficción se presentan en nuestro salón como parte de la familia. Somos testigos de sus orígenes, de sus aciertos y sus fracasos, de sus deseos, de sus miedos. Llegamos a quererlos y odiarlos, a comprenderlos y sufrir con ellos. La conexión entre el personaje de una serie de televisión y su público es muy estrecha, hasta el punto de llegar a solidarizarnos con aquellos que realizan actos moralmente reprobables (Tony Soprano, Walter White o Dexter), sencillamente porque entendemos sus motivos. No son el estereotipo del «malo» al que nos tiene acostumbrados el cine, sino seres humanos como nosotros, entre el mal y el bien, condicionados, e incluso a veces, desbordados por las circunstancias.

La nostalgia que sentimos cuando una serie termina, la pena ante la muerte de un personaje, no es sino el recuerdo del tiempo pasado, de las horas que hemos estado pegados ante la pantalla (del televisor o el portátil) junto a esos seres de ficción a los que conocemos y entendemos casi como si fueran reales.

3 respuestas a «Series de TV. Un arte empático»

Muy bueno. Creo que has resumido a la perfección el elemento especial que tienen las series frente al resto de producciones culturales. El tiempo. El desarrollo que permite la duración. Y la empatía que se puede llegar a generar entre el espectador y los personajes (da igual de qué índole, como tú comentas), gracias a ese elemento clave.

Muy buena píldora. Le daré promo mañana que habrá más gente leyendo que a estas horas. 😉

Un abrazo, amigo.

Me gusta mucho tu comentario al respecto de las series de televisión, realmente concuerdo contigo. De hecho pretendo hacer una investigación más profunda con respecto a este gran fenómeno de las series televisivas. Tú mencionas que has leído libros sobre esto, me gustaría saber si puedes recomendarme algún autor(es) contemporáneos que hablen a cerca de las sería televisivas y su gran influencia en los últimos 20 años, o algo similar. Te lo agradecería bastante!!

Gracias Val. Te recomiendo encarecidamente el ‘Teleshakespeare» de Jordi Carrion, ‘Hombres fuera de serie’ de Brett Martin, y cualquier cosa escrita por Henry Jenkins. También te recomiendo la revista de análisis cultural de series de televisión que co-dirijo: http://www.ochoquincemag.com Con eso tienes para empezar 🙂

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