Hace 7 años

Nacho Criado. Obra inacabada

En una famosa carta de 1801, Goya respondía a una consulta sobre la restauración de unas pinturas: «no podrían retocarlas perfectamente a causa del tono rancio de colores que les da el tiempo, que es también quien pinta».

En 1801, Goya respondía por carta a una consulta sobre la restauración de unas pinturas: «no podrían retocarlas perfectamente a causa del tono rancio de colores que les da el tiempo, que es también quien pinta». Esta concepción de el tiempo como co-creador, como agente activo en el desarrollo de la obra es sin duda parte de un pensamiento romántico que concibe la obra desde su materialidad y elogia el valor estético de la ruina. Nacho Criado compartía la idea de que toda obra de arte está permanentemente inacabada, incompleta. El artista solo es una parte más del proceso; tras él, son los agentes colaboradores, tanto físicos (tiempo, insectos, humedad…), como interpretativos (crítica y público) quienes continúan completando eternamente la obra. El Reina Sofía rinde homenaje en sus palacios del retiro a uno de los grandes artistas españoles, fallecido prematuramente hace un par de años, con una gran exposición que precisamente bajo el título de “agentes colaboradores” ofrece una completa retrospectiva de su legado artístico y conceptual.

En una de las primeras grandes obras que abre la exposición del Palacio de Velázquez, In/digestión de 1973-76, Nacho Criado remarca la colaboración creativa que el artista compartía con el tiempo y otros elementos ajenos a su control al exponer un número de la revista La Gazeta del Arte a la acción destructiva de las polillas. Antes de eso, durante la década de los 60s, Criado se movió entre el Mínimal y el Povera con esculturas abstractas, normalmente sin título, que recogen la influencia geométrica de los primeros con el uso de materiales humildes e imperfectos de los segundos. Es también la época en la que el artista comienza a hacer patentes sus referentes a través de homenajes directos y menciones, a Rothko, a Grünewald, a Mantegna, a Beckett, y por supuesto a Duchamp. Durante toda su carrera Criado se convirtió en un firme defensor de la obra de Marcel Duchamp, al que dedica Prêt-á-porter (MaDe in…) de 1976, y en un fiel continuador de las teorías duchampianas, como se evidencia en la importancia que otorga a los títulos (a los que Duchamp entendía como un color invisible), el papel protagonista que otorga al espectador, el uso sistemático de la transparencia del cristal o su preocupación por el concepto de lo infraleve, materializado en sus poéticas escuadras vacías, que no tienen Nada que apoyar, nada que soportar…nada que objetar.

No es la voz que clama en el desierto de 1990, la gran obra de hierro y cristal que centra la exposición, sintetiza de alguna forma todos los intereses artísticos de Nacho Criado, la poética de la ruina y la creación a través de la destrucción; y también la idea del desierto como espacio simbólico necesario donde perderse, espacio melancólico de deriva al que debe someterse el artista, dejándose llevar, sin conocer su destino, porque «entre la partida y la llegada la única aventura posible es el naufragio».

La exposición del Palacio de Cristal es una reconstrucción de la exposición Piezas de agua y cristal, que Criado presentó en 1991 en este mismo espacio, consagrándose con ello como el único artista que ha expuesto tres veces en este marco incomparable. El cristal del propio palacio se refleja fractalmente en los trozos de las obras cristalinas de su interior. Cristales rotos que aluden no sólo a la arquitectura del contenedor, sino también al Gran Vidrio duchampiano en estado de ruina, el único fin posible para la obra como ya demostró el propio Duchamp cuando el azar intervino rompiendola accidentalmente. Las referencias al Gran Vidrio son evidentes también en Bésale el culo al mono, obra en la que Criado también homenajea a Juan Gris y a la famosa botella de anís.

Tanto el azar de la ruina cristalina de Ellos no pueden venir esta noche como los hongos que actúan en Umbra Zenobia nos devuelven al concepto de los agentes colaboradores y nos impulsan a preguntarnos, ¿por qué repetir la misma exposición veinte años después?. Sencillamente porque estos agentes colaboradores, entre los que nos incluimos nosotros también como espectadores/interpretadores, hacen que la obra pese a parecer la misma, no lo sea. La obra artística de Nacho Criado permanece atemporal, eternamente inacabada.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.