Hace 7 años

Mirar sin ser visto

Exposición: Distancias cortas
Artista: Julião Sarmento
Lugar: La Casa Encendida – Ronda Valencia, 2 (Madrid)
Fecha: 3 de Abril – 5 de Junio

“Lo único que hago es enseñar el pudor”, explica el artista portugués Julião Sarmento, “convertir al espectador en cómplice de mi voyeurismo”. La exposición sobre su trabajo, “Distancias Cortas”, comisariada por el crítico de arte inglés Adrian Searle en la Casa Encendida de Madrid, es un fiel reflejo de sus palabas. Las obras de Sarmento, como la imagen mitológica de la gorgona Medusa, nos fascinan y atrapan, pero también nos intimidan, pues muestran aquello que no debería ser mirado y que sin embargo no podemos dejar de mirar.

En “Distancias Cortas”, el trabajo de Searle como comisario es tan personal que se podría decir que la exposición tiene doble autoría. Searle otorga una nueva mirada sobre las obras de Sarmento, mostrándonos el lado más fetichista de este: “hace una especie de juego con el deseo de ver y la sensación de que es algo prohibido. Una ambigüedad que siempre le ha preocupado” afirma el crítico-comisario. Las condiciones expositivas únicas de la Casa Encendida han permitido exhibir obras de muy diferente formato, como el dibujo, la pintura, el video, la escultura y la performance; pero todas unidas a dos ideas centrales: el deseo de la mirada y la distancia del observador. La primera obra, Cometa, es una performance que tiene lugar en una pequeñísima y acalorada habitación situada en la terraza del edifico. Al entrar en ella somos testigos de un sensual baile entre dos apasionados amantes que ignoran a propósito nuestra presencia. El deliberado ambiente recreado de burdel, la estrechez del espacio y la intimidad ultrajada que desprende la escena, incomodan radicalmente al espectador que siente como sus barreras de seguridad se desvanecen, penetrando violentamente en el espacio de deseo estético y visual. Ya no somos mirones desde la distancia, como en la “Etant donnés” duchampiana, sino testigos presenciales, aunque eso sí, invisibles.

La distancia del observador vuelve a ser evidenciada y cuestionada en Close, una pantalla de cine colocada en un pasillo muy estrecho. La excesiva proximidad de la pantalla impide al espectador entender la totalidad de la escena que en ella se está proyectando (aunque intuimos por las imágenes fragmentadas que se trata de la imagen fetichizada de una mujer cortándose las uñas de los pies). Sarmento nos excita ante la imposibilidad de ver lo que no se puede ver, lo prohibido, en este caso porque la distancia no lo permite, algo similar a lo que hizo Bruce Nauman en su famosa obra “Live-Taped Video Corridor”, aquel estrecho pasillo con una pantalla al fondo en la cual aparecía nuestra imagen alejándose a medida que nosotros nos acercábamos.

Las obras de Sarmento nos hablan del espectador, pero desde el discurso de la masculinidad, de la mirada del hombre socialmente construida que tantas veces se ha analizado desde estudios feministas psicoanalíticos en relación al cine clásico. Sarmento utiliza a la mujer como Leitmotiv constante en sus obras, tanto en las enigmáticas esculturas como en las pinturas realizadas con un venenoso amarillo cadmio o en los videos. Siempre son mujeres abstractas, genéricas, sin rostro; No representan a una mujer en concreto, sino la idea genérica de la mujer, como símbolo. Así mismo alude a otros símbolos de feminidad como el zapato de tacón, o la leche y la miel, símbolos de las secreciones naturales femeninas.

Y cuando no, Sarmento se vuelve mucho más explícito en evidenciar el deseo masculino de poseer con la mirada; para lo cual utiliza material pornográfico tamizado por un estetizante barniz artístico. Como en la serie “Pornstar”, grandes lienzos de fondo blanco en los cuales el artista representa escenas de películas porno tratadas como simples siluetas o sombras en negro. Nos recuerdan a las obras de un pintor abstracto y nos hacen cuestionarnos sobre si el arte que tanto disfrutamos con la mirada no es en el fondo una parafilia visual tanto como lo es la pornografía.

Julião Sarmento explota al máximo la pulsión escópica del espectador, permitiéndole cumplir su deseo de mirar, pero excluyendo su deseo lacaniano de ser visto. Las mujeres sin rostro, abstractas, genéricas y exentas de identidad, que nos ofrece el artista, no pueden devolvernos la mirada. La obra de Sarmento nos convierte en fascinados mirones invisibles, en violentos violadores de intimidades ajenas, guardias privilegiados de ese panóptico de Foucault que permite mirarlo todo sin ser jamás visto.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.