Hace 4 años

Mark Manders, el mundo es un taller de artista

Las mejores alegrías de la vida son las que no te esperas.

Viajé a Santiago de Compostela el mes pasado y pasé a visitar el CGAC, el Centro Gallego de Arte Contemporáneo, sin conocer su programación ni haber visto siquiera una foto del edificio proyectado por Alvaro Siza. Llegúe además decepcionado, tras haber visitado previamente la Ciudad de la cultura, ese fallido y mastodóntico contenedor sin contenido, fruto de delirios políticos en su peripatético intento por repetir el deseado efecto Guggenheim. Cual fue mi mayúscula sorpresa al descubrir en el CGAC un magnífico espacio expositivo con un acertadísimo programa curatorial.

La exposición protagonista del verano en este centro de arte es “Curculio bassos” de Mark Manders, escultor holandés del que tampoco había oído nunca hablar pero cuya obra me enamoró al instante. Su exposición se extiende por toda la planta baja del museo, invadiendo incluso el hall de entrada con una reconstrucción del taller del propio artista que el espectador está obligado a atravesar para continuar su visita.

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Tras esta particular madriguera nos zambullimos de lleno en el país de las maravillas de Manders, un espacio perpetuamente en obras, atemporal, salteado con sus características esculturas de estética ruinosa, que contienen un componente poético no siempre amable, sino que en muchas ocasiones rozan lo macabro.

Esculturas inquietantes que sugieren un cuerpo y un espacio en constante construcción, eternos y universales, idea reforzada por los periódicos sin fecha con titulares sin sentido que tamizan la luz de los ventanales.

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El trabajo de Manders condesa, como un Aleph borgiano, todos los motivos de la historia del arte, todos sus estilos, todos sus momentos.
-Javier Hontoria

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Adentrarse en el universo de Manders es tener la sensación de estar, no sólo en el taller, sino en la cabeza del propio artista, de colarnos en un espacio prohibido, a la espera de que en cualquier momento aparezca su dueño. Pero la exposición nos atrapa y no podemos resistirnos, al fin y al cabo ¿quién no quiere descender por la madriguera del conejo?

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.