Hace 7 años

Los muertos ya no son lo que eran

Dicen que la muerte es el final del sufrimiento para el que se va, y el comienzo del mismo para los que se quedan. Pero ¿y si no fuera así?, ¿y sí después de años de dolor y duelo de familiares, amigos y amantes un día cualquiera el fallecido por el que lloraban volviera a llamar a sus puertas como si nada hubiera ocurrido?

«Los vivos somos sólo una especie de los muertos, una especie muy rara»

Nietzsche

Dicen que la muerte es el final del sufrimiento para el que se va, y el comienzo del mismo para los que se quedan. Pero ¿y si no fuera así?, ¿y sí después de años de dolor y duelo de familiares, amigos y amantes un día cualquiera el fallecido por el que lloraban volviera a llamar a sus puertas como si nada hubiera ocurrido?

Este es el planteamiento inicial de «Les Revenants», una de las series más interesantes que hemos podido disfrutar este último año. Aparentemente «Les Revenants» era un giro más al manido género de zombies, pero nada que ver. Los muertos de la producción francesa, no son zombies propiamente, sino resucitados. El matiz es importante, porque a diferencia de los putrefactos monstruos de «The Walking Dead», los cuerpos de estos no están sometidos a la descomposición, se encuentran joven y lozanos, como el día en que fallecieron, aunque hayan pasado 3 o 30 años. Tampoco tienen la voluntad sometida, sino que actúan con raciocinio y libre albedrío, y tampoco se alimentan de cerebros, sino que su incesante hambre la alivian con croissants (no he podido evitar repetir la broma).

Nadie sabe por qué han vuelto, ni siquiera ellos recuerdan nada. No importa si habían muerto en un accidente, habían sido asesinados o habían decidido suicidarte, los «Revenants» y sus allegados deben ahora volver a enfrentarse a los problemas que creían acabados, en una situación para la que nadie está preparado.

Pero el tiempo pasa inexorablemente y las cosas cambian, y nada puede volver a ser lo que era. El intento de integración es insatisfactorio, el sueño de recuperar una vida pasada es una mera quimera. Como afirma Paco López Barrio, estos personajes se enfrentan al mismo problema que sufre el que se va lejos de su entorno y trata de volver tiempo después, o el que trata de recuperar una vieja amistad o un antiguo amor. Sencillamente sentirá que ha perdido el tren, que su momento ya ha pasado y que ahora está fuera de lugar. Camille es el mejor ejemplo: un accidente acabó con su vida hace cuatro años y ahora ha vuelto a una familia desestructurada (sus padres se han divorciado), con una hermana gemela que ha dejado ya de ser una niña para convertirse en la adolescente que ella nunca será. Camille está atrapada en un tiempo que no le corresponde, tratando de encajar en una familia que ya no es la que recuerda y que de una forma u otra ya habían pasado página.

Esta reflexión existencial sobre el lugar y el tiempo que ocupamos cada uno, sobre nuestro papel en la vida de los demás es el punto fuerte de «Les Revenants», una serie, por otro lado, excelentemente dirigida, interpretada y ambientada (la música y la localización son sencillamente perfectas). Cuando este ensayo de personajes y relaciones humanas (que a menudo se ha comparado con Twin Peeks o Lost) se deja ligeramente a un lado y la serie se embarra por pantanosos terrenos fantásticos, hacia el final de la temporada, es cuando en mi opinión pierde la grandeza de la propuesta inicial. Tampoco me ha gustado nada que haya sido confirmada su segunda, y quizás innecesaria, temporada. Pero esto son solo pequeñas sombras en una serie sobresaliente, diferente y de calidad, una apuesta arriesgada más que recomendable y que nos hace a los españoles tener un país más que envidiar en cuanto a producción seríefila se refiere.

Curiosamente, hablando de muertos vivientes, acabé la primera temporada de Les Revenants un par de días antes del estreno de otra serie del género, inglesa en este caso, «In the flesh». Aparentemente ambas series tienen mucho en común: los zombies ingleses también son educados (quizás en vez de croissants tomen el té) y también tratan de volver a integrarse en sus antiguas vidas. Sin embargo, estos sí han sido zombies tradicionales, ahora curados gracias a un novedoso fármaco que controla sus brotes de rabia come-cerebros. Los zombies rehabilitados, cual yonkis o ex-soldados, deben volver años después a tratar de integrarse en un sociedad que ahora les rechaza, les margina, e incluso les da caza. El planteamiento de «In the flesh» es por lo tanto distinto a «Les Revenants», los muertos son ahora una minoría perseguida, curados de una enfermedad que les obligó a hacer unos actos de los que no son responsables, y víctimas de una sociedad que no les ofrece la posibilidad de redención ni les acepta. Los muertos deben enfrentarse a todos estos problemas además de a todos aquellos que dejaron pendientes.

Si uno pensaba que lo peor que puede pasarle es morir o que alguien cercano muera, viendo estas series llega a la conclusión de que la muerte tampoco está tan mal en comparación con el drama de estos personajes condenados a un eterno retorno. Y es que cuando la muerte ya no es el final, los muertos ya no son lo que eran….

 

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.