Hace 4 años

‘Locke’, la gestión emocional del ingeniero

Me encantan las películas austeras, esas que, casi como un reto personal, son capaces de construir historias completas con los medios mínimos. En los últimos años (seguramente en parte consecuencia de la falta de financiación) hemos visto como siguen esta tendencia muchos creadores contemporáneos, entre los que evidentemente tenemos varios representantes nacionales (somos expertos en esto de economizar): Nacho Vigalondo (Cronocrímenes, Extraterrestre), Rodrigo Cortés (Buried) o el recientemente premiado en San Sebastian, Carlos Vermut (Diamond flash).

Locke, la última película del británico Steven Knight solo necesita un actor (un magnífico Tom Hardy), un coche y un manos libres para mantenernos pegados a la pantalla durante una hora y media. Por si fuera poca experimentación, Knight arriesga todavía más construyendo un thriller con un ingeniero como protagonista, ¿puede haber algo más “soso” que un ingeniero?

Precisamente el objetivo de Knight es llevar al límite la paciencia y la capacidad de resolución de problemas del ingeniero ante circunstancias que le desbordarán, sobre todo emocionalmente. Por si nos faltaran pistas de sus intenciones, Knight lo bautiza en honor al maestro del empirismo británico, John Locke, para remarcar la lógica que impera en la mente del protagonista, para quien todo problema tiene sus solución.

Y ahí reside precisamente la gracia, Ivan Locke se verá envuelto en una serie de problemas de distinta índole que le harán derribar su ego de ingeniero para ser consciente de que no siempre tiene el control.

“Lo arreglaré, y todo volverá a ser normal” miente Locke a su hijo mientras su rostro se descompone ante la impotencia.

Como en un combate de boxeo, Locke mantiene la calma y trata de contener las lágrimas mientras la vida le golpea una y otra vez. En este thriller no hay bombas a punto de explotar, sino un bebé a punto de nacer y un edificio a punto de ser construido. Y al cargo de todo tenemos a un ingeniero desbordado por los acontecimientos, y por sus emociones, las mismas que lleva reprimiendo desde que su padre le abandonara cuando era niño.

Locke es una película contenida, sencilla, nada pretenciosa. Habría resultado muy sencillo acudir a los lugares comunes de este tipo de thrillers para aumentar artificialmente la tensión: un volantazo, una persecución policial, un atropello… todas estas circunstancias se nos vienen a la mente a los espectadores, acostumbrados a estos golpes de efecto.

Pero Knight no los necesita, Locke no decae en tensión e interés en ningún momento, y eso con los medios que cuenta y las limitaciones auto-impuestas, es toda una heroicidad.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.