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La melancolía de Lars von Trier

 

«La melancolía se caracteriza psíquicamente por un estado de ánimo profundamente doloroso, una cesación del interés por el mundo exterior, la perdida de la capacidad de amar, la inhibición de todas las funciones y la disminución del amor propio».

Sigmund Freud

Tras olvidar su polémica rueda de prensa pro-nazi con la que obtuvo el título de «persona non grata» del festival de Cannes, ha llegado el momento de analizar la última película del enfant terrible del cine actual, Lars von Trier, y dejar que esta hable por sí misma.

Como viene siendo habitual con las películas del danés, Melancholía no ha dejado a nadie indiferente. Se trata de una obra compleja, tanto en forma como en contenido, en la que se nos muestra la historia de dos hermanas, Justine y Claire (Kirsten Dunst y Charlotte Gainsbourg), que representan dos maneras opuestas de enfrentarse al mundo. La primera ha sucumbido a ese complejo estado de ánimo que Freud definía como una especie de aflicción pero sin la perdida consciente de nada ni nadie, una nostalgia de un pasado que nunca fue o un futuro que nunca será, la melancolía. Claire en cambio es una luchadora, una mujer perfeccionista y controladora que trata desesperadamente de implantar cierto orden en el caos.

Trier divide la película en dos partes; en la primera nos identificamos con Justine, la hermana depresiva, en el día de su boda, en su peripatético intento por parecer feliz ante los demás. Como no podía ser de otra manera, el fracaso de la celebración es inevitable y Justine se hunde aun más en su destructiva personalidad. La segunda parte se centra en Claire, y en como va perdiendo poco a poco la fortaleza y el control que demostraba en la primera parte ante un acontecimiento catastrófico: un enorme planeta de nombre Melancholia que se acerca directamente hacia la Tierra. De esta forma el papel de víctima se invierte, la hermana cuerda se vuelve loca de pánico y la hermana loca resulta ser la única que asume el acto de belleza fatalista del fin del mundo con serenidad, dignidad y coherencia. Lars von Trier demuestra a través de Justine como la melancolía funciona como un simulacro de la muerte en vida, liberándonos y preparándonos para lo que esté por venir; o como dice Armando Roa Vial en su «elogio de la melancolía»: «lejos, pues, de ser pasto de miserias, la melancolía, como muchos han reconocido, brinda al hombre su estocada liberadora».

Este acto de catártica redención es quizás el tema central de «Melancholia», ya que como afirma el propio director no se trata de una película sobre el fin del mundo, sino sobre un estado de ánimo. Estado de ánimo que además conoce muy bien el propio Lars von Trier, al haber sufrido él mismo una fuerte depresión reconocida durante años. La visión fatalista del fin del mundo no termina siendo tan negativa como pudiera parecer, en realidad es una reflexión sobre actitudes, sobre formas responsables de posicionarse ante el mundo. La mirada de Trier es puramente materialista, cruda y existencialista (pone los pelos de punta la escena en la que Justine afirma que estamos solos en el universo y que nadie nos echará de menos). En este sentido resulta muy interesante que Melancholia se haya estrenado el mismo año que El árbol de la vida de Terrence Malick. Lejos de querer establecer un paralelismo entre dos películas tan diferentes, resulta casi inevitable evidenciar sus contrastes. Como si fueran dos caras de una misma moneda, El árbol de la vida y Melancholia ofrecen dos visiones completamente opuestas de la vida y el ser humano: si la idealista película de Malick nos muestra el origen del mundo, el amor divino, la naturaleza sagrada del hombre y la promesa de el re-encuentro tras la muerte, Trier nos enseña el fin del mundo, la soledad del alma humana y una visión negativa de la existencia resumida en la frase de Justine: «life is evil». Además, ambas películas recurren a largas panorámicas espaciales de indudable belleza, pero mientras Malick las acompaña de la delicada Lacrimosa del «Requiem por mi amigo» de Zbigniew Preisner, Trier prefiere la potencia dramática de Wagner y su Tristan e Isolda.

Resulta interesante que Trier recurra a un lejano planeta que choca contra la tierra para construir su metáfora de la melancolía; precisamente el círculo neoplatónico renacentista de Marsilio Ficino recurrió al concepto de Saturno (el planeta más lejano de la tierra que conocían por aquel entonces) para identificar a ese estado de ánimo melancólico que ya desde la edad media (con la teoría de los humores) se relacionaba con los artistas. Saturnino fue un adjetivo que comenzó a utilizarse con frecuencia para referirse a los creadores, como si la genialidad estuviera intrínsecamente vinculada a una inherente melancolía.

Trier no puede escapar de esta antigua relación y utiliza conscientemente simbolismos heredados del mundo del arte a lo largo de toda la película. El momento donde esta cuestión es aun más evidente es en la escena de la librería en la cual, en un momento de explosiva rabia, Justine cambia los libros que muestran reproducciones de obras suprematistas por imágenes de Peter Brueghel, Millais o Caravaggio.

Justine rechaza las intelectuales y frías obras de Malevich incapaces de expresar emociones humanas y decide expresar sus sentimientos a través de la «Ofelia» de Millais, que sin duda ejemplifica su situación de novia muerta (por dentro), y a través de obras de Brueghel como «Los cazadores en la nieve» o más simbólicamente «El país de jauja», donde Brueghel representa un tema muy frecuente en su pintura, la locura de los hombres.

Y aunque no explícita en la película, también era inevitable la influencia de la representación gráfica más conocida de la melancolía, el famoso grabado de Durero en el que un ángel con actitud de resignada tristeza observa caer una estrella, ¿será acaso el planeta Melancholia acercándose con violencia a la tierra?.

 

Bibliografía sobre la melancolía y su presencia en el arte:

Rudolf Wittkower «Nacidos bajo el signo de Saturno».
Sigmund Freud «Aflicción y melancolía» en «El malestar de la cultura»
Armando Roa Vial «Elogio de la melancolía»
Más: http://homepage.mac.com/eeskenazi/bib1.html

7 respuestas a «La melancolía de Lars von Trier»

Apenas vi esta película y es simplemente increíble
y estaba buscando un cuadro que vi y si lo nombraste. Gracias

me encantó tu post

Muchas gracias por este acertado análsis de la película. Soy estudiante de 4º de musicología por la Universidad de Oviedo y estoy realizando un trabajo sobre Melancholía centrándome en el preludio de Tristán e Isolda como leitmotiv articulador de la película. Me encantaría compartir mis conclusiones contigo si te interesa. Un saludo y repito; gracias. Da gusto leer algo bien escrito.

Muchas gracias a ti por leer y comentar 🙂 No tengo muchos conocimientos musicales, lo mio son las artes visuales, pero me encantaría leer tus conclusiones, mándamelas cuando las tengas. Un abrazo!

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