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La grande belleza, oda al ocaso de Roma

Ecléctica, irónica y nostálgica. Esos son los adjetivos que me vienen a la cabeza cuando pienso en la última película de Paolo Sorrentino. Una película que fascina de principio a fin, aunque difícil de seguir ya que avanza a pinceladas, a veces inconexas, huyendo de la narración clásica y cambiando de género cuando le viene en gana. La película recurre en algunos momentos al humor, sutil, surrealista a veces, y en otros a una ligera profundidad poética, sin pedantería. Todo en su justa medida.

Pero empecemos por el principio. La grande belleza nos presenta a Jep Gambardella, un sexagenario escritor que no escribe y que dedica todo su tiempo a buscar incasable una gran belleza que le conmueva. Un objetivo quizás pretencioso de partida, ya que como afirmaba Susan Sontag, nuestra sociedad hace tiempo que ha dejado atrás el concepto de la belleza por el de «lo interesante». En su búsqueda, Gambardella pasea cual flâneur, romano en este caso, por todos los ambientes que componen la «alta» sociedad de la capital italiana: la aristocracia, los artistas, las instituciones religiosas… Sorrentino no deja títere con cabeza en su satírico repaso. Los personajes que rodean a Gambardella desprenden un tufillo de frivolidad, superficialidad, impostura y hedonismo; de tal forma que resulta inevitable caer en la nostalgia del protagonista, como quien contempla las ruinas de lo que una vez fue grande y bello y ahora es tan solo tragedia y banalidad. Las ruinas de la civilización occidental, desde lo que un día fue, precisamente, el germen del esplendor de la misma. Como una jirafa que desaparece en un espectáculo de magia, la efímera belleza se ha ido sin dejar rastro, aunque como todo truco que se precie, esta desaparición puede que solo sea a los ojos del espectador.

Con un final agridulce y con una duración quizás excesiva, Sorrentino nos deja ligeramente confusos a la hora de desentrañar sus intenciones, pero aun así merece la pena el intento. Y sino, todo sea por las maravillosas e incomparables localizaciones, todo sea por dejarse llevar por Gambardella en su impagable paseo nocturno por la ciudad eterna.

La grande bellezza

4 respuestas a «La grande belleza, oda al ocaso de Roma»

Debo admitir que cuando comencé a verla me pareció un poco chocante, con el paso de la historia fui entendiendo los simbolismos de los que esta lleno el recuerdo y la fascinación de Gep a la vida misma carente de esa belleza por la que el vive, sin embargo aun se sorprende por las cosas raras que le entrega la vida misma, mi favorita la escena con la monja y los flamingos, ¡exquisita!

Hola Patricia, yo pasé por el mismo proceso, empecé no entendiendo nada. Pero poco a poco la película te lleva por donde quiere, y si te dejas llevar la verdad es que es exquisita en muchos momentos. No me pareció perfecta, pero desde luego es de lo mejorcito del año 🙂

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