Hace 6 años

Hablando de series

Mea culpa. Llevo un tiempo que no actualizo este blog con tanta frecuencia como antes. He estado ocupado (no os creáis que es desgana). En lo que llevamos de 2013 me he mudado de casa, he empezado en un nuevo trabajo y he estado desarrollando el proyecto que os quiero presentar hoy, OchoQuince Magazine:

Mea culpa. Llevo un tiempo que no actualizo este blog con tanta frecuencia como antes. He estado ocupado (no os creáis que es desgana). En lo que llevamos de 2013 me he mudado de casa, he empezado en un nuevo trabajo y he estado desarrollando el proyecto que os quiero presentar hoy, OchoQuince Magazine:

Partamos de la base: las series de televisión no son novelas audiovisuales, ni películas extendidas. Son, por el contrario, productos culturales autónomos, con características exclusivas. La más evidente es la duración; frente a las dos horas de media de una película, una serie puede llegar fácil a las cien si tiene bastantes temporadas, lo que, evidentemente, condiciona significamente la posibilidades narrativas.

Por ejemplo, cuando empezamos una película o un libro sabemos que el final ya está fijado, solo tenemos que llegar a él, pero en las series no ocurre lo mismo. «Las series tienen que, constantemente, adaptarse a las expectativas del público» decía Nacho Vigalondo en una conferencia reciente. Son un «work in progress» constante que se alimenta del feedback de los espectadores en eso que Henry Jenkins llama «cultura de convergencia». La historia se va tejiendo paralelamente a la emisión, alargando o acortando tramas en función de la audiencia y creando giros constantes para generar «cliffhangers» que enganchen al espectador capítulo tras capítulo. La enorme duración de la trama desarticula la tradicional estructura (introducción-nudo-desenlace) y permite profundizar mucho más en la psicología de los personajes, como evidencia el hecho de que muchos de los protagonistas de nuestras series favoritas sean «villanos»: Tony Soprano, Dexter, Don Draper, Walter White… El tiempo extendido del formato serial nos permite entender los motivos de estos personajes y empatizar con ellos, huyendo de los clásicos estereotipos planos a los que el cine, por falta de tiempo, tiende a recurrir (malos y buenos). En las series de televisión, como en la vida, reina la ambigüedad moral. Semana tras semana estos personajes conviven con nosotros en nuestro salón a través de la pantalla, creando una filiación entre espectador y personaje que tampoco es  apenas corriente en otros medios narrativos.

Nada de lo anteriormente descrito tiene lugar en la novela ni en el cine, por mucho que se quiera establecer la relación con estos medios cuando una serie destaca en calidad (The Wire, Los Soprano…). Si acaso hay un medio de características similares a las citadas es el cómic, pues también se trata de un producto de consumo serial, popular y de final indeterminado. Además, al igual que ocurre con el cómic, las series de televisión aun suelen ser consideradas «cultura de consumo», y los análisis en profundidad son (aunque relevantes) bastante escasos en relación a los estudios sobre arte, cine o literatura.

En este contexto nace OchoQuince, como una revista que habla de series sin complejos, analizando en profundidad (y desde diferentes perspectivas) las ficciones televisivas como cualquier otro producto cultural, en este caso de consumo masivo. El proyecto parte de mi mismo y de Jesús Villaverde, periodista de formación y escritor de vocación. Por una vez yo dejé mis exposiciones de arte y el sus libros para juntarnos a analizar lo que ocurre en la pequeña pantalla (esta expresión hace referencia a la televisión, aunque la pequeña pantalla donde se consumen series hoy en día es más la del portátil o la tablet). Cafés y cervezas mediante, y con pasión e imprudencia a raudales, acabamos dando forma a esta revista de series con la idea de crear un espacio donde poder expresarnos y concretar todas las ideas que nos rondan la cabeza mientras vemos una serie. Pasar del visionado pasivo al pensamiento crítico, a la relación de conceptos, a la interdisciplinariedad, al ¿por qué?

Pero, como todo proyecto que se precie, OchoQuince ha ido mutando a lo largo de su desarrollo. Principalmente gracias a la buena acogida del proyecto en Internet y a los maravillosos colaboradores con los que hemos contado en el primer número: María nos regaló un magnífico análisis de la condición masculina de Don Draper. Daniel nos habló de Black Mirror desde un cuestionamiento filosófico y Nacho rompió todos los moldes, dejando el ensayo a un lado, y contándonos un cuento, mágico y sarcástico a la vez, sobre el lugar donde se crean las series. ¡Gracias a todos! OchoQuince ahora ya no nos pertence solo a Txetxu y a mi, sino también a todos ellos, y a todos los futuros colaboradores y lectores. Porque a todos nos gusta ver series, pero lo que realmente nos gusta es compartirlas y comentarlas con los demás.

Aquí os dejo el primer número, nuestro 1×01, el piloto, con la ilusión de que sea el primero de muchos. Ya estamos maquinando el siguiente, prometo manteneros informados 🙂

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.