Hace 5 años

Gravity, el cine era esto

Por suerte, la excesiva modernidad que acompaña a la invención del cine no impide que este medio, como el resto de las artes, cuente con varios mitos fundacionales. De entre todos estos relatos quizás el más conocido y fascinante sea aquél que asegura que varios de los primeros espectadores del cinematógrafo de los hermanos Lumière salieron despavoridos de una las primeras proyecciones, ante el temor de que el tren que se acercaba a través de la pantalla acabara por traspasar la pared.

Como muchas de las historias que merecen realmente la pena, no importa lo más mínimo si este hecho tuvo realmente lugar o si por el contrario se trata de una exageración histórica, o incluso propagandísitca. Lo cierto es que siempre me he sentido fascinado por este storytelling, envidiando en secreto las emociones que debieron sentir sus protagonistas, sentados en una sala oscura, silenciosa de no ser por el ruido del proyector, aquellos primeros espectadores boquiabiertos ante las imágenes que parecían cobrar vida frente a sus ojos.

Ni siquiera nuestros niños pueden ya disfrutar de esa mirada inocente, expuestos como les dejamos a la multipantalla desde bebés. Y qué decir de nosotros… pues que la saturación visual produce ceguera. No es sólo que estemos acostumbrados a la imagen en movimiento, es que estamos saturados por exceso. Nos pasamos el día viendo imágenes, pero ya no miramos, y lo que es más importante, ya no nos emocionamos con lo que vemos. Anestesiados por empacho, con poco más de un siglo desde vida, incluso hay quien ha querido vaticinar ya la muerte del cine.

«Acerca la silla al borde del precipicio y te contaré una historia.» F. Scott Fitzgerald.

Pero Alfonso Cuarón nos devuelve esa potencia visual, esa fascinación que se convierte en emoción al traspasar nuestras retinas. Los que acusan a Gravity de superficialidad, de falta de guión, olvidan que el cine es el arte de esculpir el tiempo y escribir con la cámara. El cine es un arte eminentemente visual, al igual que la pintura, de la cual no esperamos grandes narrativas sino cualidades estéticas. Tampoco a la música, un medio basado en el tiempo como el cine, le exigimos siquiera una verosimilitud real (es el arte abstracto por excelencia) sino que sólo esperamos de ella la capacidad de emocionar ¿Por qué entonces queremos convertir el cine en literatura?

Con esto no quiero decir que Gravity sea, ni deba ser, un experimento estético vacío. Lo que muchos no han visto es la cantidad de lecturas y capas que se esconden tras la superficie. Gravity cuenta muchas historias, pero lo hace de forma explícita, sino cómo debe hacerlo el cine, a través de metáforas visuales, mediante la emoción y la fascinación. Así, por ejemplo, Gravity nos habla de nada más y nada menos que de la Vida (en mayúsculas) y su capacidad de superación. Empezando por el final, la caída de la doctora Ryan Stone desde el espacio, su llegada al agua y su salida a la tierra, con sus problemas para conseguir dar el primer paso, nos relata la llegada de la Vida a nuestro planeta y su posterior adaptación al medio. Así Gravity nos habla desde lo universal a lo particular, pues la propia historia de Ryan, aunque criticada, es una historia de superación, que nos habla de aquello que cómo humanos nos hace seguir adelante cuando ya lo hemos perdido todo y lo más fácil sería rendirnos y dejarnos flotar.

De lo universal a de lo particular pasando por estratos intermedios, como lo político-social. ¿No es acaso demasiada causalidad que el viaje odiséico de la doctora Stone pase por una estación espacial europea, un módulo espacial ruso y uno chino? Cuarón nos está hablando de nuestra historia reciente y del fracaso de nuestra civilización, del colapso de las ideologías occidentales y de la posible decepción que traerá el futuro asiático. Tras la catástrofe entre la nave americana producida por el cohete ruso (la Guerra Fría), nuestra protagonista pone todas sus esperanzas en la Estación Espacial Internacional (Europa), que no tarda en deshacerse en pedazos. La solución final parece estar en el gigante dormido, en el módulo asiático, que Ryan no tiene excesivos problemas en arrancar, pues en el fondo Cuarón nos transmite que las aparentes diferencias no lo son tanto, como demuestra la posterior caída del módulo chino. Abandonada por todas las utópicas potencias políticas, la doctora Stone (la humanidad) se ve obligada a sobrevivir por sí misma, porque los humanos siempre salimos adelante.

Esta lectura, que no soy el único que ha sacado, puede ser o no intencional. Está en la película aunque Cuarón no fuera consciente, porque como las grandes obras maestras, Gravity está abierta a la interpretación, está es la ventaja de no tener un argumento demasiado cerrado. A todo esto hay que sumar todas las referencias introducidas en la película a otras Space Operas, como Barbarela, 2001 o Wall-e, y la sensación de claustrofobia que produce todo el metraje, como un reverso inesperado de la Buried de Rodrigo Cortés.

gravity-film

Pero sobre todo lo importante de Gravity es su potencia visual, su capacidad de fascinar y de emocionar. La magnífica fotografía, los larguísimos planos secuencia que no dejaríamos de ver, una y otra vez. Virtuosismo técnico disfrazado de elegante sencillez y que, a pesar de nuestra saturación mediática y la sensación de que ya lo hemos visto todo, nos dejan con la boca abierta y pegados a la butaca.

Por todo ello Gravity es la mejor película que has visto en mucho tiempo, y digo esto con todo conocimiento de causa, porque Gravity es ante todo eso, una Película.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.