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Fiat Lux

Exposición: “No Way out”
Artista: Robert Irwin
Lugar: Galería Elvira González: General Castaños, 3 (Madrid)
Fecha: 8/11/2011 – 5-01/2012
No cabe duda, la luz es uno de los elementos fundamentales en el arte. Ya sea por sus cualidades simbólicas o por su capacidad de generar volúmenes, los artistas siempre se han preocupado por la representación lumínica del espacio, teniendo muy presentes aquello que decía el psicólogo de la precepción Rudolph Arnheim de que «la luz constituye la experiencia más espectacular de los sentidos». Robert Irwin va más allá; fundador de «light and space», un movimiento minimalista creado en Los Angeles durante los años sesenta, Irwin utiliza directamente la luz como material de creación, estudiando, como si de un arquitecto racionalista se tratara, las relaciones subjetivas que existen entre el espectador y el espacio circundante que se construye, en gran medida, a través de las condiciones de iluminación.

 

 

En «Way out west», su actual exposición en la galería Elvira González de Madrid, Irwin nos presenta cinco obras compuestas por sus ya famosos fluorescentes coloreados, con una gama cromática que va del blanco al verde, azul y amarillo. Cada pieza contiene un número diferente de tubos (siempre números primos), algunos apagados y otros encendidos, siendo el propio artista quien ha elegido de entre las varias combinaciones posibles las que mejor se adaptan a las condiciones de cada sala. Sin embargo, estas esculturas lumínicas (cuyos títulos citan lugares de la costa oeste norteamericana) no son la única fuente de luz del espacio, sino que son complementadas con la iluminación de la propia galería, atenuando el efecto espacial y visual de las obras.

 

 

Irwin juega con lo esencial, explota el infinito potencial humano para ver y ordenar el mundo según criterios estéticos, dando prioridad absoluta a la simetría y valor estético al vacío. Sin embargo, es precisamente su excesiva sobriedad minimalista lo que acerca su obra peligrosamente al decorativismo. Las piezas de Irwin no contienen la profundidad metafísica que sugieren las esculturas de Dan Flavin (artista minimal conocido también por trabajar con fluorescentes coloreados), ni la potente expresividad de los neones de Bruce Nauman. Pero la sutileza de Irwin tiene un valor propio. Sus obras consiguen sacarnos de la cotidianeidad que sentimos ante la luz artificial, forzándonos a su contemplación, cambiando su posición natural, el techo, por la pared de la galería, induciéndonos a un estado de reflexión que nos permite apreciar aquello que exclamaba Baudelaire: «¡ah, que grande es el mundo a la luz de las lámparas!».

 

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