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Esculpir el tiempo

Podríamos hacer una historia del arte vista como la lucha constante del ser humano por detener el tiempo. El arte visto como una herramienta para proyectar la memoria del presente al futuro y evitar que desaparezca en el olvido. Así podríamos entender, no solo las obras de arte creadas con un caracter específicamente rememorativo, sino toda producción artística como una potente máquina de capturar el momento, un registro de un instante determinado que seleccionamos y aislamos del tiempo en esos espacios intemporales que son los museos.

Obvio es recordar que la fotografía y el cine vendrían a representar el eslabón más alto en esta teórica historia evolutiva del arte vista como una anti-tanática pulsión humana por luchar contra el inexorable paso del tiempo. (“la imagen sobrevive a la experiencia que caduca”)[1] dirá Susan Sontag al referirse al artefacto fotográfico. El cine por su parte, consiguió materializar un sueño compartido por artistas a lo largo de la historia, permitiendo no solo capturar un instante, sino secuencias temporales completas, tal y como podemos percibirlas en la vida real. La aparición del montaje poco después demostró que el cine no solo podía capturar el tiempo, sino que también podía modificarlo, dilatarlo, condensarlo y detenerlo. Paralelamente a estas alteraciones temporales en la ficción cinematográfica Albert Einstein descubría la dilatación temporal relativista en el mundo real, que venía a decir que la percepción que tenemos del tiempo no es constante sino que depende de una serie de factores físicos como la posición y la velocidad del espectador.

El cineasta ruso Andrei Tarkovsky fue uno de los teóricos cinematográficos que más desarrollaron el concepto de manipulación temporal en la pantalla, llegando a afirmar que el cine es el arte de «esculpir el tiempo«. Aunque para Tarkovsky esta escultura temporal que debía hacer el director no venía tanto del montaje como de saber manejar la temporalidad dentro del propio plano. El mismo Tarkovsky demostró su teoria en los magníficos y casi infinitos planos secuencia que aparecen en sus películas.

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Andrei Tarkovsky-Sacrificio (1986)

No extenderemos mucho más la cuestión y pasaremos a ejemplificar estos conceptos desde el campo del video-arte, mostrando como diferentes artistas han utilizado el tiempo como materia prima, esculpiendo y distorsionando la percepción que tenemos del mismo:

Uno de los primeros artistas (sin contar artistas de las vanguardias históricas) en experimentar seriamente con el video-arte fue Andy Warhol. En su obra de 1963, «Sleep», Warhol nos muestra a un hombre durmiendo, como haría décadas después Sam Taylor-Wood con David Beckham. La particularidad de la película de Warhol es su duración, 5 horas, 20 minutos, record que el propio Warhol superaría después con «Empire», de 8 horas. En este caso no hablamos de una manipulación temporal directa, Warhol no acelera y ralentiza, solo graba en tiempo real, pero es precisamente esta sensación de tiempo infinito, de que no pase nada en la pantalla lo que hace que nuestra propia percepción temporal se distorsione.

Por otro lado tenemos a Bill Viola, cuya obra precisamente consiste en dilatar el tiempo hasta la exasperación, creando lo que Juan Antonio Ramirez consideraba «un nuevo medio, a mitad de camino entre la imagen móvil video-fílmica y el estatismo de la fotografía«[2]. Las ralentizaciones también se están poniendo muy de moda en el mundo del cine comercial, gracias a las nuevas posibilidades técnicas. Basta recordar la secuencia inicial del «Anticristo» de Lars von Trier o la larguísima secuencia de la caída de la camioneta del «Inception» de Christopher Nolan.

Algo aún más radical hizo el artista Douglas Gordon con «24 h Psycho» repitiendo los fotogramas de la película de Hitchscock hasta lograr que la proyección se extendiera a lo largo 24 horas, consiguiendo con ello alargar el suspense hasta tal punto que pierde totalmente el sentido.

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Acelerar, en vez de ralentizar es lo que hace la artista Sam Taylor-Wood, creando unos inquietantes bodegones que, ahora mejor que nunca, nos incitan a reflexionar sobre la fugacidad de la vida. Ya le hubiera gustado a Caravaggio tener una Handycam.

Por último me gustaría hablar del video artista alemán Reynold Reynolds, al cual se le ha comparado en muchas ocasiones (quizás injustamente) con Bill Viola. Reynolds, que curiosamente se formó en el campo de la física, refleja en nuestra opinión mejor que los artistas anteriores esa manipulación temporal que el video es capaz de conseguir. Reynolds no se limita como los otros a un solo factor (dilatación, compresión…), sino que mezcla múltiples técnicas y dimensiones temporales en un mismo plano, creando con ello una sensación de irrealidad, de inquietante y al mismo tiempo fascinante anti-realismo temporal.

Extra:

No solo de video vive el hombre. La música, como arte desarrollada en el tiempo, también es capaz de se deformada creando inesperados y sorprendentes resultados. Y para muestra un botón: la banda sonora de «Jurasic Park» 1000 veces ralentizada. Sencillamente espectacular.

Jurassic Park Theme (1000% Slower) by birdfeeder

Una última cosa, una lista con las películas más largas de la historia del cine: aquí. Si pensabais que «Lo que el viento se llevó» era larga, imaginarios una película de 10 dias de duración.

[1] Sontag, Susan. SOBRE LA FOTOGRAFÍA “En la caverna de Platón” Pág. 21
[2] Ramirez, Juan Antonio. LÁGRIMAS DE PLASMA. (2006)

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