Hace 8 años

El espectáculo del arte

Arco cumple 30 años, con una edición que pretende ser el punto de inflexión de una feria que lleva tiempo de capa caída. Desde los medios se le ha dado mucho eco al nuevo director y a sus propuestas para solventar los estragos que la crisis económica ha causado en las ediciones anteriores. Carlos Urroz ha concebido una feria más modesta (solo dos pabellones), ecológica (ha eliminado la moqueta desechable) y que apuesta fuertemente por las galerías emergentes y las internacionales, algo necesario no solo por la importancia de abrir aun más la feria al mercado global, sino por los problemas internos que la feria ha tenido en los últimos años con muchas galerías nacionales.

El reducido tamaño de la nueva Arco y la disposición más heterogénea de las galerías (evitando que las más fuertes se concentren) hacen de la visita a la feria una experiencia más distendida para el espectador, el cual puede pasear sin rumbo fijo atraído por aquello que le interese. Aunque esto será si la masificación se lo permite, porque lo cierto es que el elevado precio de la entrada no disuade a las hordas de turistas que confunden Arco con Expo-ocio y deambulan por la feria haciendo fotos sin parar de las obras más espectaculares o de aquellas que reconocen como obras de artistas ya consagrados por la historia del arte: Millares, Saura, Manolo Valdés, Juan Muñoz…Entre modernillos-gafapastas, señoras de etiqueta que pasan por Arco aprovechando su cercanía con Cibeles, y famosetes que uno puede encontrase cerca de las áreas reservadas para los vips, el arte queda relegado a un segundo plano. La superficialidad llega a tal punto, que la mayoría de las galerías ofrecen obras destinadas a satisfacer específicamente a este variopinto grupo de turistas y a los sensacionalistas medios de comunicación. Podemos distinguir entre dos tipos de obras principales expuestas en Arco: las destinadas a crear una provocación morbosa o una vacía espectacularidad y las destinadas a ser vendidas como «cuadros de salón»: piezas de fácil asimilación, altamente estétizadas, que suelen imitar a las grandes obras de los artistas de la abstracción geométrica americana de las décadas de los 60 y 70. Entre las tipologías de las obras expuestas nos encontramos con una hegemonía de la pintura y la fotografía en marcos retro-iluminados frente a otros medios y soportes. Aunque destaca la aparición significativa de un grupo de obras creadas con nuevas tecnologías, sobre todo pantallas y neones, pero desgraciadamente en estas piezas suele premiar la originalidad del continente frente a la profundidad del contenido.

Siempre es muy injusto y pretencioso generalizar, y es cierto que en Arco 2011 también nos encontramos con galerías con ética profesional que ofrecen obras realmente interesantes, pero que quedan eclipsadas por el ruido de una feria tremendamente mediatizada. Además tenemos que afrontar la problemática de su inexorable descontextualización: obras como las de Marina Abramovic, Bill Viola, Hans Peter Feldmann o Daniel Canogar pierden gran parte de su significado y su función como modelos alternativos de conocimiento fuera del contexto museístico para el que fueron pensadas. En la feria, el espectador solo las valora (durante un par de segundos de media) por sus valores estéticos y contemplativos.

Todo lo mencionado no debería sorprendernos, pues es inherente a cualquier feria de arte contemporáneo. Pero no por ello debemos dejar de preocuparnos por la inquietante capitalización de la cultura y la excesiva atención mediática que reciben ferias como Arco, de cuyo éxito o fracaso económico se pretende extraer el termómetro de la situación global del arte contemporáneo. En estas ferias, solamente encontramos la vertiente más espectacular y superficial del mundo del arte actual, eclipsando a un gran número de artistas que paralelamente a estos circos mediáticos crean un arte cada vez más modesto, intelectualizado y conceptual. El problema, como siempre, es que solo oímos al que grita más alto.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.