Hace 8 años

Deux ex Machina

Todo el que haya visto más de un capítulo de la serie «House» sabrá que sus guiones tienden a repetir una estructura determinada. Todo comienza con un acontecimiento fortuito que rompe el equilibrio natural del universo diegetico (alguien contrae de repente una rarísima enfermedad). A partir de este momento el caos y la entropía se van apoderando de la trama «in crescendo«, hasta que en el último minuto, cuando el paciente está a punto de morir, un hecho intrascendente desencadena la inspiración del genial doctor House ayudandole a encontrar la solución al complejo rompecabezas. Con esto se cumple la regla de oro de toda serie: la acción principal debe concluirse en un solo acto (capitulo) en el que al final todo vuelve a la normalidad inicial.

Imagen promocional de «House» re-escenificando «La última cena»

Lo principal en series como House, no saber si al final se salvara el paciente o no (ya sabemos que sí), sino la manera en la que House llega a la solución del problema. Sin embargo, hay algún capitulo concreto, como el último emitido en EEUU (House 7×14 – Recession Proof) donde se rompe con el esquema. En este capítulo House consigue averiguar como curar al paciente, pero este muere justo antes de que puedan aplicarle el tratamiento, creando un inteligente cambio de paradigma que sorprende al espectador, haciendo que se cuestione por sus expectativas previas.

Los guionistas de House no inventan nada, tan solo imitan el esquema de las novelas policiacas y detectivescas como las de Agatha Christie o más directamente las del Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle. En este tipo de novelas, el protagonista siempre consigue resolver el caso, justo al final, a través de métodos deductivos o de asociaciones azarosas. Pero House no solo resuelve el puzzle en cada capítulo, sino que con ello salva la vida del paciente, acercandose a lo que se tiende a llamar «salvación en el último minuto». Esta fórmula fue popularizada desde los inicios del cine por el director D.W. Griffith en aquellas películas mudas donde una dama atada a las vías de un tren era salvada por el héroe justo antes de que llegara el tren de la fatalidad. Hace pocos meses vimos un caso real muy similar en Madrid. Es un ejemplo de como la propia realidad imita o supera en muchas ocasiones a la ficción:

Policía salva a una persona de morir arrollada por el metro

Superman salvando a un niño – «Superman Red Son» de Mark Millar

El antecedente de todo esta cultura visual y argumental se haya, como no, en el mundo clásico. El concepto «Deux ex machina» traducido como «dios surgido de la máquina», se aplicaba en el teatro grecolatino cuando una grúa (machina) introducía una deidad (deus) proveniente de fuera del escenario para resolver una situación. En la cultura cristiana tampoco es difícil encontrar ejemplos donde un determinado problema se resuelve en el climax de la narración bíblica por la intervención directa o indirecta de la divinidad.

Un angel detiene a Abraham de sacrificar a su propio hijo – «El sacrificio de Isaac» Michelangelo Merisi da Caravaggio (1603)

Los ejemplos de Deux ex Machina se repiten hasta el paroxismo en la estructura de miles de novelas y películas a lo largo de la historia, ya sea a través del misericordioso Dios protector, el autoritario superheroe salvador de la humanidad, el artificiero que corta el cable rojo antes de que el contador del explosivo llegue a cero, o cualquier tipo de elemento externo que modifique drasticamente el resultado de la trama hacia un final más satisfactorio.

A pesar de que la vida real no se rige por estos códigos o convenciones, todos hemos esperado en algún momento de nuestras vidas que algo o alguien aparezca y nos solucione un problema que nosotros solos no podemos resolver. Actualmente vemos en las noticias como el paternalista gobierno americano manda tropas militares a la frontera de Libia para poder intervenir el país en caso de extrema necesidad. Realidad o ficción, la historia vuelve a repetirse.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.