Hace 7 años

Contra la lectura

Me posiciono contra el "consumo" literario, contra la lectura pasiva, contra la lectura indiscriminada, contra la lectura por sistema, contra la lectura alienante, contra la lectura adoctrinante, contra la lectura superficial, contra la lectura estática, contra la lectura espectacularizada, contra la lectura que no implique participación, en definitiva…contra toda lectura que deje indiferente a su lector.

El eslogan que el ayuntamiento de Madrid ha creado para el día del libro de este año (2012) no puede ser más explícito. «¿Me regalas un libro? Te regalo un libro» evidencia el verdadero sentido comercial que se esconde detrás de esta celebración: comprar y regalar. No se trata de animar a leer, o más importarte aun, a pensar y debatir lo leído, sino de una simple invitación al consumo cultural con una excusa conmemorativa. Un intento de que los alérgicos a las librerías se pasen por una aunque solo sea una vez al año, para tratar de mantener a la ruinosa industria editorial. Por desgracia todos sabemos que casi la mitad de los libros que se regalaron ayer nunca serán leídos, su función quedará relegada a la mera decoración del hogar. Peor aún, la otra mitad que sí se leerán serán en su mayoría Coelhos, Bucays, Zafones… y compañía.

Adelina Lopes Livro partido / Broken Book | 2003 Paper, card | Unique edition Variable measures 

Eventos como el día del libro resultan sintomáticos de una sociedad como la nuestra en la cual se lee muy poco (solo hay que comprobar las estadísticas), pero en la que paradójicamente existe un culto desmesurado al acto de la lectura. Desde todas las instituciones culturales se nos impulsa constantemente a practicar la lectura con el argumento de que leer nos hace mejores. Pero a nadie parece importarle lo que se lea, simplemente se motiva y se admira socialmente a aquellos que, en una época en la que existen nuevas formas de entretenimiento y aprendizaje más cómodas, se esfuerzan por mantener la pesada y lenta práctica de la lectura. Lo importante no parece ser el libro, su contenido, sino el mero hecho de leer. Porque se da por sentado que el libro, por muy malo que sea, siempre será un entretenimiento con mayor valor pedagógico que el que puedan ofrecer otras disciplinas. Así, se tiende a pensar que un libro (cuanto más gordo mejor) ofrece mucho más conocimiento que una simple película de 120 minutos, y consecuentemente que un capitulo de una serie televisiva de apenas 45, como si el tiempo que conlleva extraer la información fuera proporcional al valor de la misma. Ninguna madre o maestro que se precie reprenderá a un niño que se pasa la tarde leyendo, aunque se trate de la biografía de Ana Obregón (en este país cualquier tonto famoso con lápiz consigue publicar). Por supuesto en este asunto también influye la vieja e injusta división entre alta y baja cultura. Los lectores, como los visitantes regulares de exposiciones artísticas están a otro nivel que el resto de consumidores culturales, en una absurda distinción elitista que confunde deliberadamente el contenido y la calidad de la obra con el medio en que esta se expresa.

Uno de los primeros escritores que se alarmaron ante los peligros de la proliferación de la lectura excesiva e indiscriminada fue (irónicamente) Cervantes. Y digo irónicamente, porque no deja de ser curioso que el Quijote sea el libro que tradicionalmente se lee el 23 de abril a nivel institucional cuando precisamente se trata del primer libro que cuestiona el propio hábito de la lectura. En el famoso sexto capítulo de la primera parte, el cura y el barbero bucean en la librería de Alonso Quijano buscando y quemando aquellos libros que habían llevado a su dueño a la locura. Algunos historiadores han interpretado esto como una alusión por parte del autor a la censura practicada por la inquisición, cuando en realidad se trata de un ejercicio de crítica literaria. Lo que hizo Cervantes fue analizar el problema de la literatura de su tiempo, la lectura y su influencia sobre la vida. Rechazando categóricamente el adoctrinamiento moral que se encerraba dentro de muchos de los más famosos libros medievales (como el Amadis de Gaula, al que curiosamente salva de la purga por cuestiones de calidad), haciendo del Quijote la primera novela sin moraleja, el primer libro que tan solo pretende ser un «honesto entretenimiento». Quizás la única moraleja que implícitamente incluye la obra sea precisamente el propio arquetipo quijotesco, la advertencia de no dejarse llevar ciegamente en el idealismo literario porque la realidad siempre acaba imponiéndose trágicamente. Cervantes sufre una desilusión ante la visión utópica de los libros. La imprenta supuso la capacidad de un hombre de formarse en soledad y aplicar los que lee a su propia vida. Sin embargo, como expone Borges en su cuento “utopía de un hombre que está cansado”, nadie puede leer tantos libros, y además lo importante no es leer, sino re-leer. Es decir, comprender y analizar lo leído, con juicio, con crítica. En cambio la imprenta, supuso una masificación indiscriminada de artefactos textuales y una democratización a su acceso, y esto tiene sus riesgos. Qué decir de Internet.

Por todo ello me posiciono contra el «consumo» literario, contra la lectura pasiva, contra la lectura indiscriminada, contra la lectura por sistema, contra la lectura alienante, contra la lectura adoctrinante, contra la lectura superficial, contra la lectura estática, contra la lectura espectacularizada, contra la lectura que no implique participación, en definitiva…contra toda lectura que deje indiferente a su lector.

La persona que no lee buenos libros no tiene ventaja sobre quien no sabe leer – Mark Twain

 

Por último, una recomendación: la recopilación gratuita de ensayos «Hitler de pequeño leía mucho«, donde se cuestionan y desmontan con bastante humor, estereotipos y chorradas en torno a esto (tan recomendable por otro lado) que es la lectura.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.