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Contra la casta artística. Por una cultura sin tecnicismos

Hace unos días tuve el honor de ser invitado junto con mi colega Jesús a dar una charla sobre nuestra revista OchoQuince en Ideas con ganas, un evento para dar a conocer proyectos culturales creados con poco presupuesto (o ninguno) y hacer un poco de networking entre nosotros.

Me llamó especialmente la atención como el resto de proyectos presentados (más centrados en el mundo del arte que el nuestro) buscaban conseguir una nueva relación entre el producto artístico y el espectador, una relación mucho más sencilla, democrática y directa de la habitual. Pongo dos ejemplos:

-Laura, la creadora de Arte para ti, quiere descubrir el arte a los niños, y potencialmente a todo el mundo. El objetivo de su proyecto es acabar con el miedo que mucha gente no formada siente ante una obra de arte contemporáneo, democratizar el acceso a la cultura. Arte contemporáneo sin tecnicismos y para todos, empezando por la educación de los más pequeños.

-De forma paralela las chicas de Lineas cruzadas presentaron su Glosario, una idea tremendamente interesante que ellas mismas definen como: «Proyecto audiovisual a través del cual se presentan en formato vídeo conceptos del arte contemporáneo. En cada vídeo aparece un término diferente, y es un agente cultural el que lo explica otra persona ajena a dicho mundo«.

Oír hablar a estas emprendedoras, que entienden el arte y la cultura como una necesidad de muchos y no como el privilegio de unos pocos, y ven la historia del arte como una herramienta de transformación social, me llenó de satisfacción. Me reafirmé en mi idea de que nuestra generación se está formando en unos nuevos valores, perdidos durante las últimas décadas.

Los jóvenes que se licencian hoy en día no lo hacen con el objetivo de alcanzar cuanto antes el puesto de sus hermanos mayores o de sus padres, sino que buscan el cambio, buscan acabar con las castas, con los privilegios, con los tecnicismos, con la pedantería, con todo aquello que crea divisiones físicas o intelectuales. La impresión que tengo es que la mal llamada generación perdida es en realidad la primera en muchos años que se ha encontrado a sí misma.

Se dio la casualidad de que muchos de los asistentes al evento éramos licenciados en Historia del Arte por la UAM, y curiosamente todos compartíamos la admiración al difunto Juan Antonio Ramírez de quién aprendimos una forma diferente de entender esta disciplina. En su breve ensayo Historia y Crítica del Arte: Fallas (y Fallos), que debería ser entendido como código deontológico de obligada lectura para todos los alumnos de primero, Ramírez concluye con este pequeño párrafo que hoy dedico a todos los jóvenes que luchan por hacer las cosas de forma diferente:

«Nada de lo dicho pretende derrumbar el magnífico edificio heredado de la historia del arte. No se pueden desdeñar cien años, al menos, de trabajo colectivo serio y continuado. Pero son ya muchas las generaciones que han habitado en la misma construcción intelectual. Urge una reforma o el levantamiento de otras estructuras complementarias. Las grietas son muy visibles. Basta, de momento, con dejar crecer en ellas la hierba y las flores espontáneas de la primavera. Es preciso inculcar ilusión, sobre todo a los más jóvenes, por trabajar hacia una necesaria renovación».

Juan Antonio Ramírez

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