Categorías
Cine

¿A quién protege Batman?

En El caballero oscuro, los hermanos Nolan nos situaron ante uno de los debates más habituales que la posmodernidad ha configurado en torno a los superheroes: ¿quién les otorga la legitimidad para hacer lo que hacen?, ¿el hecho de tener superpoderes, o en el caso de Bruce Wayne y Tony Stark una solvente cuenta corriente como para tener todo tipo de juguetitos bélicos, les otorga libertad para tomarse la justicia por su mano?, ¿dónde quedan los procesos democráticos?, ¿por qué la sociedad debe pagar por los destrozos que producen en su personal cruzada contra el mal?, ¿quién les ha pedido que nos salven?, ¿y quién nos salva de ellos si decidieran cambiar de bando?.

Con la madurez de sus lectores, llegó también la madurez del género de los superheroes, y con ello llegaron los matices. Lo que de pequeños nos parecía sencillo y evidente, la lucha del bien contra el mal, en la edad adulta nos resulta un proceso mucho más complejo y lleno de tonos grises. Ya no emulamos a Superman, el superheroe clásico por excelencia, sino que miramos con desconfianza el exagerado desparrame de patriotismo ideológico que su figura trataba de vendernos, la incuestionable hegemonía americana personalizada, como no podía ser de otra manera, en un superhombre inmigrante. El magnífico comic de Mark Millar The red son, una historia alternativa al personaje de Marvel en la que el pequeño bebé extraterrestre no aterriza en la América profunda sino en pleno corazón sovietico, es un claro ejemplo de esta ambigüedad moral y de la brutal carga ideológica que se esconde ante esos inocentes tebeos para críos.

Con El regreso del caballero oscuro, los Nolan cierran su particular trilogía de visión hiperrealista sobre el oscuro salvador de Gotham y la pregunta que nos trasladan ahora no podría tener más actualidad. La película nos situa más de ocho años después de la última, con Harvey Dent muerto y Bruce Wayne envejecido y recluido en su mansión. Pero los tiempos están cambiando y una inminente revolución social se respira en las calles. Las tornas han cambiado, y aunque Gotham está libre de los delincuentes tradicionales, estos han sido sustituidos por corruptos políticos y especuladores financieros, ¿Suena de algo?. Bane es el villano que cataliza esa revolución y somete a la ciudad de Gotham a un estado de anarquía, devolviendo la ciudad a los ciudadanos del 99%. Una lucha de clases en toda regla, ante la cual Bruce Wayne, como elitista miembro de ese 1% se haya en una poética encrucijada. ¿A quién protege Batman?, ¿debería luchar por la justicia social o por mantener el orden del status quo?, las dos caras del personaje asoman ante la evidente paradoja moral. En este punto los Nolan hacen trampa y meten un factor sorpresa, una bomba nuclear que explotará pase lo que pase, simplificando cualitativamente el problema. En su recta final, sin duda la más espectacular del metraje, Batman y sus ayudantes pondrán todo su empeño en desactivar esa bomba. ¿Y si no hubiera habido bomba? ¿y si no Bane no existiera? si no hubiera malos de manual y hubiera sido una auténtica revolución surgida espontaneamente del pueblo y que hubiera sumido a Gotham en una dictadura del proletariado ¿Que hubiera hecho Batman?. Nunca lo sabremos, Nolan apunta pero no dispara, se conforma con un final de comic tradicional entre malos y buenos dejándonos la miel en los labios ante lo que podría haber sido una verdadera historia que trascendiera la fantasía para afrontar una problematica real. En este sentido, mucho más interesante que Bane (que no deja de ser un malo de segunda que no le llega ni a los tobillos del magnífico Jocker), es el personaje de Catwoman (Anne Hathaway), vista como una ladrona de joyas que busca subvertir el orden social establecido y acabar con los privilegios de las clases adineradas. Sin embargo, cuando finalmente llega la revolución, duda de que el fin justifique los medios.

Nolan vuelve a jugarnosla. Nos enseña trazas de un inteligente cine de autor que se acaban diluyendo en un elaborado juego de artificios y efectos especiales del mejor cine comercial. La mezcla no termina de cuajar como lo hizo en El caballero oscuro, film muy superior a este último. Es un producto entre dos orillas que no termina de decantarse, que sugiere pero no matiza, con toques de genialidad, y escenas absurdas y prescindibles. Manipulador y trilero, Nolan repite el golpe de efecto que tan bien le funcionó en Origen, dejando al final un falso Cliffhanger, un final que parece abierto pero no lo es, y que solo busca suplir todas las carencias de la cinta en este pequeño truco narrativo final que dejan al espectador medio sorprendido y relativamente satisfecho. No me malinterpreten, la película no es un mal cierre a la trilogía, es coherente y entra en el nivel medio de las otras dos. Mi decepción llega ante la comodidad en la que parece haberse sumido un director del nivel de Christopher Nolan, del que esperaba mucho mucho más.

 

2 respuestas a «¿A quién protege Batman?»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.