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[9/11] La estética del desastre

Han pasado ya diez años desde aquel trágico 11 de septiembre de 2001 que marcó un antes y un después en la historia contemporánea. El atentado a las Torres Gemelas fue uno de los acontecimientos más rápidamente difundidos a través de las televisiones de medio mundo, permitiendo que lo viviéramos prácticamente en directo, como un apocalíptico programa de tele-realidad. Sin embargo, esta hegemonía todopoderosa de los mass media estaba a punto de acabar. El nacimiento de las redes sociales unos años después trajo consigo una democratización no solo del acceso, sino también de la transmisión de la información. Hoy en día, un acontecimiento como el 9/11 sería ampliamente fotografiado y twitteado por una gran masa social, ofreciéndonos una visión mucho más poliédrica y global de la situación, una información real que no podría ser censurada ni controlada por los gobiernos de turno. Esto convierte al 9/11 en el último evento a gran escala difundido exclusivamente por los medios tradicionales, en un acontecimiento histórico 1.0, por denominarlo de alguna manera, y por lo tanto en un relato histórico construido, sobre todo visualmente. Las imágenes que hemos visto del atentado de Nueva York fueron escrupulosamente estudiadas para ofrecernos una visión acorde con el sentimiento que interesaba transmitir.

La historia del fotoperiodismo está condicionada desde sus orígenes por la construcción de la imagen, intrínseca al propio medio. Las cámaras decimonónicas, con sus largos tiempos de exposición obligaban literalmente a construir la escena a fotografiar, como si de un bodegón se tratara. Con el desarrollo tecnológico, la fotografía permitió solventar este problema técnico, pero el fotógrafo siguió ofreciendo su punto de vista y manteniendo su función de seleccionar entre lo que se va a ver y lo que no, lo que entra en el encuadre y lo que queda fuera. Esto convierte a las fotografías que no se hacen en tan importantes (o más) que las que deciden hacerse, pues hablan de aquello que ha sido premeditadamente excluido.

Fue a partir de la Segunda Guerra Mundial, cuando se crea una sensibilidad especial ante las imágenes desagradables de la guerra y su consecuente censura. También en este momento los grandes líderes totalitarios comenzaron a ser conscientes del poder político de las imágenes; manipulando y construyendo las fotografías conseguían no solo que fueran afines a su discurso, sino también convertirlas en poderosos iconos mediáticos. La fotografía ayudaba así a constituir la propia realidad. Este mismo paradigma se mantuvo intacto hasta el 9/11, a través de la censura que nos excluyó la visión de las víctimas, y mediante la construcción icónica de las imágenes, apelando incluso a modelos pasados.

Soldados americanos alzando su bandera en Iwo Jima (1945)

Soldados americanos alzando su bandera en el 9/11 (2001)

El atentado de 2001 está plagado de connotaciones simbólicas que las imágenes ayudaron a reforzar. El filósofo José Jimenez dio con la clave del mayor simbolismo de todos, la propia caída de la torre como elemento icónico de nuestra cultura: «es inevitable asociar ese terrible acontecimiento con lo que evoca en el universo de la imagen y en el arte: la torre que cae, como expresión del fracaso, la derrota, o la debilidad humana, está profundamente arraigada en nuestra mentalidad, remitiendo nada menos que a la Biblia. Por lo mismo que la elevación de la torre se asocia simbólicamente no sólo con la voluntad humana de elevación y de alzarse hacia los cielos, sino también con la soberbia y la prepotencia». Jimenez resalta así el impresionante paralelismo entre la versión pictórica de la construcción de la Torre de Babel de Pieter Brueghel y algunas imágenes de las Torres Gemelas en ruinas: «Brueghel representa el antes, no el después, pero su intención no es otra que mostrar la fragilidad de los proyectos humanos».

Pieter Brueghel – La construcción de la torre de Babel (1563)

Derrumbamiento de una de las Torres Gemelas (2001)

Si hay una imagen icónica de los atentados del 9/11, es la del hombre que cae tras haber saltado por una de las ventanas del edificio. Esta imagen, capturada por el fotógrafo de AP Richard Drew, conmocionó al mundo entero como lo había hecho en el pasado la foto del miliciano muerto en la Guerra Civil Española de Robert Capa o la de la niña quemada por el napalm en Vietman, fotografiada por Nick Út. «El hombre cayendo», que es como se conoce esta imagen, recoge el suicido de Jonathan Briley, un ingeniero de sonido que trabajaba en uno de los restaurantes en el último piso de la torre norte. La toma es bella, si le quitamos la tragedia, si tenemos la capacidad de hacerlo. «Para mí, es una fotografía realmente tranquila. No hay violencia en ella» afirma el fotógrafo. José Jimenez nuevamente ve en esta imagen un arquetipo simbólico muy arraigado a la tradición icónica judeo-cristiana, el del angel caido. Jimenez rescata las declaraciones de la hija de la víticima, quien negaba inicialmente que el hombre de la foto fuera su padre, porque «decía que su padre nunca se habría dejado arrastrar al infierno por el diablo. Eso me pareció muy interesante: quien cae se asocia con el diablo» dice el filósofo.

Richard Drew – El hombre cayendo (2001)

El famoso compositor alemán Karlheinz Stockhausen fue duramente criticado por sus declaraciones en las que afirmaba que el ataque a las Torres Gemelas debía ser considerado como una Gesamtkunstwerk u Obra de Arte Total, «la mayor obra de arte que haya existido nunca». Esta afirmación fue retomada y expandida por el polémico y controvertido artista Damien Hirst, que reclamaba que los terroristas «debían ser felicitados». por haber realizado «algo que nadie hubiera pensado posible» en un nivel artístico. Al margen del interés provocador de Hirst, resulta destacable la aparente dificultad, no solo del arte contemporáneo, sino del conjunto de la sociedad espectacularizada de separar realidad de simulacro; como explica Susan Sontag: «Algo se vuelve real —para los que están en otros lugares siguiéndolo como «noticia»— al ser fotografiado. Pero una catástrofe vivida se parecerá, a menudo y de un modo fantástico, a su representación. El atentado al World Trade Center del 11 de septiembre de 2001 se calificó muchas veces de «irreal», «surrealista», «como una película» en las primeras crónicas de los que habían escapado de las torres o lo habían visto desde las inmediaciones. Tras cuatro décadas de cintas hollywoodienses de desastres y elevados presupuestos, «Fue como una película» parece haber desplazado el modo como los supervivientes de una catástrofe solían expresar su nula asimilación a corto plazo de lo que acababan de sufrir: «Fue como un sueño»».

Fotograma de la película «2012» de Roland Emmerich (2009)

No deja de ser interesante como aun, casi dos siglos después, vivimos aun culturalmente condicionados por la decimonónica sensibilidad romántica que nos permite apreciar y acercarnos estéticamente al horror. La sublimidad del desastre es una característica estética de nuestro tiempo, ejemplificada en cientos de películas apocalípticas hollywodienses. Nos referimos al imaginario cultural de la inminente destrucción de nuestra sociedad, en donde las ruinas no son ruinas clásicas, sino nuestras propias ciudades reducidas a escombros y en donde la naturaleza ha invadido todas las creaciones humanas y recuperado su poder sobre la tierra. Hemos llegado a idealizar y estetizar la destrucción hasta tal punto que no llegamos a temerla, sino que la hemos asumido como inevitable, liberadora y (a pesar de conflictos éticos) hermosa y sublime. Pero la catarsis y la admiración de la catástrofe sólo puede suceder si el espectador está a salvo, es decir, si no es parte integrante –física o afectiva– de lo que allí sucede. Por eso vemos una cierta poesía en las imágenes terribles del desastre, porque no nos va la vida en ello, porque la sangre no nos salpica. Porque, en realidad, todo aquello no nos «afecta» [Miguel Á. Hernandez].

Caspar David Fiedrich – El mar de hielo (1824)
Andy Warhol – Death and Disaster (1962-1963)

Las ruinas del World Trade Center (2001)

La espectacularidad del desastre se ha convertido en una seña de identidad de nuestra sociedad, como afirma Susan Sontag: «ser espectador de calamidades que tienen lugar en otro país es una experiencia intrínseca de la modernidad, la ofrenda acumulativa de más de siglo y medio de actividad de esos turistas especializados y profesionales llamados periodistas. Las guerras son ahora también las vistas y sonidos de las salas de estar. La información de lo que está sucediendo en otra parte, llamada «noticias», destaca los conflictos y la violencia —«si hay sangre, va en cabeza», reza la vetusta directriz de la prensa sensacionalista y de los programas de noticias que emiten titulares las veinticuatro horas—, a los que se responde con indignación, compasión, excitación o aprobación, mientras cada miseria se exhibe ante la vista»».

+Info:

Libros:

José Jimenez – El ángel caído. 

Georges Didi-Huberman – Imágenes pese a todo (Memoria visual del Holocausto).

Susan Sontag – Ante el dolor de los demás. 

María Acaso – Esto no son las Torres Gemelas: Cómo aprender a ver televisión y otras imágenes.

Articulos online:

Desastres sublimes

Fernando Castro – Complejo de destrucción

¿Cómo hubiera sido el 11-S con Facebook y Twitter?

El desastre de la guerra

5 respuestas a «[9/11] La estética del desastre»

Acabo de encontrar este interesantísimo documental sobre la historia detrás de la foto de «The Falling Man», y como esta fue censurada en la prensa americana en favor de otras fotos más patrioticas del rescate. El documental se llama «9/11: The Falling Man» y puede verse completo en Youtube:

http://www.youtube.com/watch?v=eo6bIb_yiKs

Este escrito me ha recordado una cosa que decía Picasso: «todo acto de construcción es un acto de destrucción»

Me encantan sus artículos.

Felicidades

Por que los EEUU no han sabido dar al mundo lo sucedido en el 11/9? por que este juego de palabras y situaciones insanas , que se mezcla con lo honorable sin serlo nunca . Que delirante fenomeno ha hecho actuar asi, tal vez surgida de mentes capacitadas psicologos, psiquiatras intelectuales de poca estatura moral, etica e intelectual .¿ Que grupo de personas de pesima calidad es responsable de todo esto alrededor del 11/9 situaciones anteriores y posteriores? y me refiero a «Ali baba» y los cuarenta que nos cuentan , sino el propio entorno internacional.La integridad de los paises y lideres politicos donde ha quedado?

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