Hace 2 años

10.000 km. (el amor en los tiempos del skype)

Relaciones intermediadas

La máxima expresión de la sociedades espectacularizadas se da cuando el espectáculo interviene como mediación de las relaciones personales, decía un profético Guy Debord que pronosticaba treinta años antes la aparición de las redes sociales y la progresiva desmaterialización del contacto humano.

Uno podría pensar que hoy en día, gracias a la tecnología, las relaciones a distancia son más factibles que nunca, al fin y al cabo muchas de nuestras relaciones personales con amigos o familiares que viven en la misma ciudad las desarrollamos casi exclusivamente a través de las redes sociales. Pero, ¿se puede intentar formar una familia en la distancia? ¿se puede mantener la pasión de una pareja a pesar de la deslocalización laboral a la que nos obliga la crisis del Capital?

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Él

Esta es la premisa de 10.000 km., una película modesta en cuanto a medios pero ambiciosa en su planteamiento. La historia comienza en un piso de Barcelona, en el que una pareja hace el amor intensamente, están intentando tener un bebé. Al poco tiempo a ella le llega un email, le han concedido una beca en Los Ángeles para desarrollar su carrera como fotógrafa, es tan solo un año, ¿qué puede salir mal?

El mapa y el territorio

A partir de este momento la comunicación entre los dos protagonistas será exclusivamente a través de las pantallas de sus ordenadores. Ella, desde Los Ángeles, recorre su apartamento con la webcam para mostrárselo a él, sin embargo él reconocerá habérselo imaginado distinto cuando lo visite en persona. La realidad, con todos sus matices, no cabe en la imagen, el mapa nunca puede abarcar el territorio.

La película juega constantemente con esta idea del simulacro, de la representación con la que percibimos la realidad a través del filtro de la pantalla y sus diferencias con el mundo real, a través de los proyectos fotográficos de ella, como en el que fotografía un paseo por la ciudad y lo yuxtapone al mismo paseo hecho a través de Street View. Igualmente interesante resultan sus fotografías de un desértico Silicon Valley en domingo, con las oficinas de Facebook o Twitter completamente vacías, reflejo de una sociedad inmaterial, en el que el ágora pública es puramente virtual.

La vida no es como en las películas

Pero 10.000 km. va más allá de la crítica sociológica a la sociedades mediatizadas, ni se centra exclusivamente en cuestionar la dificultad de conciliar la vida familiar en tiempos de forzada movilidad económica. La película en el fondo habla de la desilusión, de nuestras inseguridades y carencias comunicativas.

Ella
Ella

Todo ello se evidencia en el reencuentro entre los dos personajes. Silencio incómodo, tensión en el ambiente, una botella de whisky, una risa catártica… los dos saben que la relación ha terminado, pero no se atreven a reconocerlo.

-¿Qué te esperabas?
– Que saltaras a mis brazos desesperadamente, como en las películas.

La película empieza en Barcelona, con un polvo sincero, entregado, y acaba en Los Ángeles con un polvo entre lágrimas, torpe, precipitado, desesperado. El canto de cisne de una relación rota por la distancia.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.