Hace 8 años

¿Puede el arte cambiar el mundo?

En una entrevista reciente, escuche a Daniel Canogar afirmar que «existen mejores formas de activismo que el arte«. A priori uno podría pensar que tiene razón, que el arte puede fascinar, evocar, deleitar, pero dificilmente puede ejercer un significativo cambio político, económico o social. Si pensamos en las últimas revoluciones democráticas en los países del norte de África, recordaremos lo mucho que se ha hablado del papel capital de las redes sociales a la hora de organizar y coordinar las revueltas. Parece improbable que en la sociedad actual el arte pueda ejercer una influencia semejante.

Sin embargo, hace apenas un siglo, en la época de las vanguardias históricas, los artistas estaban plenamente comprometidos con la misión de cambiar el mundo a través del arte. De hecho, su propia terminología (vanguardia), ya denotaba un caracter militar. Los pensadores del momento alimentaban estas pretensiones, como Walter Benjamin, el cual concluía su libro «la oba de arte en su época de la reproducibilidad técnica» afirmando que a la estetización de la política (fascista), debía corresponder una politización del arte (comunista). Visto en retrospectiva, el caracter político de las vanguardias puede parecernos utópico o naïf. Las dos guerras mundiales son una muestra evidente de que el mundo seguía su propio curso, ajeno a aquellos inocentes artistas que pretendían abrir los ojos a la sociedad. Pero no debemos perder de vista el poder de algunas imagenes creadas en este momento. El Guernica de Picasso, por ejemplo, se ha convertido en un simbolo anti-belicista universal, como ejemplifica el hecho que Colin Powell mandara tapar una reproducción de esta obra situada en la sala donde precisamente se iba a comunicar públicamente que Estados Unidos comenzaba su ataque en Irak.

La contracultura de finales de los 60 supuso una vuelta a la utilización político-social de la cultura. Músicos, poetas y artistas plásticos se unieron para luchar contra el sistema establecido ofreciendo al mundo nuevos puntos de vista, nuevas perspectivas a través del arte que prometían un futuro más libre e igualitario. Tampoco el Mayo del 68 cumplió lo prometido, y visto desde hoy en día, volvemos a encontrarnos con una decepcionante utopía cultural y social. Sin embargo, la contracultura de los 60 y 70 puso de manifiesto que si el arte podía ser combativo debía ser desde fuera de las instituciones. La actitud anti-museística de los artistas del momento y la aparición del graffitti como nueva forma de expresión, consiguió liberar al arte de las garras del elitismo intelectual para entregarlo al pueblo como arma democrática.

Tras pequeños movimientos a principios de los noventa, el siguiente gran movimiento contra-cultural podemos situarlo en el «street art» que desde principios del siglo XXI va ganando fuerza y popularidad. Heredando la idea de los activistas culturales de los 6o, los artistas urbanos actuales actúan al margen de las instituciones, cran su obra libre, anónima y gratuitamente, reivindicando la calle como espacio de expresión social y realizando ácidas y certeras críticas al poder político-económico. Su éxito popular radica en parte en el caracter gratuito de su obra, el efecto «robin hood»; frente a aquellos artistas contemporáneos que parecen buscar únicamente fama y dinero, los artistas urbanos ponen aparentemente su talento al servicio del pueblo sin esperar recibir nada a cambio.

Obras como las del artista urbano francés JR. consiguen llevar el arte a los barrios más marginales, a la gente que nunca hubiera tenido la posibilidad de visitar un museo, tratando de ofrecerles una plataforma para cambiar su mundo. En esto consiste su último proyecto «Inside Out», galardonado con los 100.000 dólares del TED Prize 2011, en involucrar a participantes de todo el mundo en una misma acción artística. Desde una página web (http://www.insideoutproject.net/), el artista solicita a todo aquel que quiera colaborar una fotografía en blanco y negro de su propio rostro o el de otra persona sobre fondo neutro. JR enviará, a vuelta de correo, un póster de 90 por 135 centímetros de esa imagen con la única condición de que el solicitante se comprometa a exhibirla en el lugar con más impacto público que le sea posible. «Deseo que os levantéis por lo que realmente os importa participando en un proyecto de arte global y que juntos podamos darle la vuelta al mundo como a un guante». Dice Jr.

¿Puede realmente el arte cambiar el mundo?

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.